
Nuestro viaje empezó en Babia, región de impresionantes valles, montañas y lagos.
El domingo por la tarde salimos del valle y, sin haber comprado toda la comida que hubiéramos querido, nos empezamos a adentrar en las montañas, por la carretera de Mena de Babia hacia Murias de Paredes.

El lunes empezamos lo que sería el día más duro del viaje (y probablemente el más bonito). Después de pasar Murias y Montrondo abandonamos los caminos asfaltados y durante el resto del día continuamos por caminos de tierra, piedras y arena. Durante gran parte de las subidas no nos quedó otra alternativa que empujar la bici.
Santi inventó un sistema que hizo posible empujar las bicis durante tanto tiempo: atar una cuerda al manillar y usarla a modo de riendas desde la parte de atrás de la bicicleta.

Las subidas se ven totalmente compensadas al llegar a las cimas, y durante el descenso. Durante todo el día solo nos encontramos con gente en los pueblos o carreteras asfaltadas, pero nunca en el camino.
Después de la subida desde Montrondo descendimos hacia Fasgar, donde descansamos en un curioso bar y tuvimos peculiares convesaciones con los locales. Desde Fasgar nos incorporamos al camino olvidado, volviendo a subir una cuesta de tierra infinita.

Por la tarde llegamos a la cima, de donde se ve el impresionante valle de campos. Empezamos a adentrarnos en el valle que nos llevaría a Colinas. El camino empezó a volverse cada vez más estrecho, pedregoso y menos ciclable.


Estabamos agotados y decidimos plantar la tienda en un balcón de una ladera.


A la mañana siguiente nos despertamos y fuimos a buscar el saco de Adrián, que había perdido empujando la bici entre las piedras.
Este día se nos hizo mucho más llevadero. Al cabo de un rato el sendero volvió a ensancharse y a hacerse cada vez más transitable, por lo que pudimos volver a montar en las bicis. Llegamos a Colinas, un precioso pueblo encajado en la montaña, dividido por el río y con casas de piedra y techos de pizarra.
Desde ahí empezó el largo descenso que nos llevó hasta Igueña (donde al fin conseguimos comprar comida), Folgoso de la rivera, la Rivera de folgoso, Bembibre, Calamocos, Onamio y Molinaseca.

Ahora hemos parado algunos días en Molinaseca, en casa de amigos.